Queridos visitantes, los que llegasteis aquí por casualidad, bienvenidos a mi blog. Llevo mucho tiempo planteándome hacer esto pero quería escribir sobre algo que valiera la pena escribir y ser leído. No quiero convertir esto en otro de esos pastelosos y aburridos diarios personales en los que cada cual describe sus angustias existenciales o su inquietud por estar en la última moda absurda del momento (odio toda tribu urbana autodefinida como tal, así como los términos o palabrejos raros tales como "hypster, mod, lol, troll, omg" y demás apócopes/acrónimos extranjeros cuyo significado muchos de sus usuarios ni conocen). Soy de la opinión de que un hispanohablante debe utilizar palabras propias de su castellano, porque cada cual debe defender su identidad. Hay muchos españoles hoy en día que reniegan de su nacionalidad, pero es que la gente tiende a identificar erróneamente a España con "situación económica y tradiciones nacionales ridículas". Para abrir este blog quiero dejar clara mi postura frente a la lengua, para que mis lectores (ávidos y fieles seguidores, espero, en un futuro) tengan claro "de qué palo voy", que se dice ahora. España es mucho más que crisis. España es un país con mucha riqueza cultural (por favor, ahorraos los comentarios sobre la tauromaquia, que ya sabemos todos que es una práctica abominable, pero no es lo único que ocupa nuestra tradición); tenemos un atractivo turístico enorme, unos paisajes preciosos, un clima maravilloso... y, ante todo, una lengua increíblemente rica e interesante. Somos muy afortunados por ser hispanohablantes, dominamos un sistema lingüístico referencial un tanto complejo y nosotros ni siquiera somos conscientes de ello porque lo usamos como algo normal. La lengua es algo nuestro, nos identifica como integrantes de una comunidad determinada frente a las millones de comunidades que existen en el mundo. Dominamos un complejo sistema verbal de tiempos compuestos heredados del latín, poseemos subjuntivo (frente a otras lenguas que no lo tienen), nuestro léxico constituye una fuente inagotable de recursos, de constantes incorporaciones, de infinitas formaciones de palabras posibles gracias a nuestra amplísima lista de morfemas derivativos... ¿Y nos asustamos porque tenemos que aprender inglés en la escuela?
Amigos letrófilos; soy Aroa García Alañón, estudiante de Filología. Estoy haciendo el primer año de Lingüística en la Universidad Complutense de Madrid porque me encanta la lingüística histórica, la diacronía de las lenguas es mi verdadera pasión. Me gustaría estudiar Filología Hispánica en el futuro (ése es un tema personal un tanto complejo porque ahora mismo estoy debatiéndome entre cambiarme de grado el año que viene o, incluso, hacer los dos grados a la vez) y dedicarme a la comparación entre lenguas románicas, haciendo un examen de éstas, siguiendo por las germánicas, eslavas, etc., hasta llegar al indoeuropeo.
Evidentemente, admiro a Ferdinand de Saussure. Mi sueño es poder hacer algo similar a lo que hizo él, o poder codearme con los miembros de la RAE. Pero de momento soy sólo una parleña (sí, de Parla, ese pueblecito sureño de Madrid con tan inmerecida mala reputación) con grandes aspiraciones y bastantes pocos medios. No tengo ni enchufes, ni un estatus social alto, ni nada de eso. Al contrario. Mi familia, obrera de toda la vida, como yo. Por eso no se extrañen de leer algún que otro sangrante comentario por mi parte hacia los políticos y los personajes de la clase social alta o VIP (el señor Alberto Gómez Font, autor de libros interesantísimos como "Donde dice... debiera decir", me reprocharía por usar este acrónimo foráneo). No tengo pelos en la lengua. Me encanta decir lo que pienso. Ésa es otra de las grandes bendiciones del lenguaje y de la lengua: del lenguaje, por un lado, porque gracias a esta facultad tenemos la capacidad de expresión individual en sí misma, y de la lengua, por otro, por poseer términos tan concisos en nuestro idioma para dar cuenta de lo que queremos transmitir en cada ocasión (me refiero a, por ejemplo, cuando digo que los políticos son todos unos repugnantes parásitos que se creen que por tener un buen nivel de estudios y un magnífico enchufe ya son más listos que nadie y pueden manipular al pueblo a su antojo, sin contar con que hay seres intelectualmente mucho más capacitados que ellos para desempeñar el mismo cargo con una buena dosis de equidad, justicia y, sobre todo, LIMPIEZA).
Pues bien, amigos y amigas ¹, quedáis amablemente invitados a visitar este pequeño rincón siempre que os plazca, donde tal vez otros letrófilos como yo puedan sentirse algo identificados con mi condición (me ha salido un pareado indeseado en esta última oración, pido disculpas). Salvete, amici!
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¹ No se interprete como un circunloquio; sólo trato de ser políticamente correcta de acuerdo con mis ideas sobre la igualdad y, asimismo, hago un uso apologético de la lengua para propugnar la igualdad sexual lingüística, tema que ya trataré en otra ocasión.